Mis labios habían decorado de rojo tu cuerpo.
Tú que insistes en frenar mi anatomía, que a cada paso rompe la distancia entre ése cuerpo volado y un abismo.
Te agitas, y exhalas: CONFUSIÓN...
¡CONFUSIÓN!
¿CONFUSIÓN?
Golpeas con tu silencio equívoco la sensibilidad que hubo en mi, y mientras eso ocurre mi rostro se enjuaga de dicha.
Estoy empezando a confiar en lo que siento, y a olvidarme de las quimeras aladas que tú dibujabas.
Desnuda, con rasguños en el vientre y cicatrices en el cuerpo, me detengo a vislumbrar la senda.
Puedo sentir los rayos del sol acariciar mi piel, que se funde entre los matices.
Respiro lento aromas nítidos, escucho al viento sucumbir y susurrarme, LIBERTAD.
Abro los ojos, y extiendo lo brazos, para depedirme con un gesto, a ti que castigabas las locuras, te culpo de haber enfermado lo efímero de los intentos por vivir.
Y te comento que mis labios, ya no se pintan de carmín.

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