miércoles, octubre 27, 2010

Alicia repaso esa forma tan suya de desconfiar, y es que había pasado mucho tiempo, que ya ni siquiera recordaba como mover los labios, disimulando que disfrutaba de sus caricias.

El invierno pasado lo había cambiado todo, aun recuerda como ese golpe en el costado derecho de su automóvil colapsó su identidad.

Le dolía el cuerpo, y tuvieron que pasar muchos días, para que las molestias se esfumaran, pero no era eso lo que en verdad la angustiaba, sino el miedo que se tenía a si misma, no reconocía el borde de sus manos, ni lo blanquecino de sus pies, siempre discutía frente al espejo, con una imagen que la desconcertaba. No era su rostro, no eran sus afinados labios, ni lo nítido de su vista, habían rasgos que con los que ella se extrañaba.

Alfredo un tipo mustio, quien lejos de querer enfadar, se acercaba a ella buscando alguna respuesta, la acariciaba de la misma forma, una y otra vez.
Días atrás sus movimientos habrían enloquecido el cuerpo de Alicia, pero ahora no tenía más que palabras vacías y gestos mórbidos que lo obligaban a alejarse de ella, cuanto más lejos mejor.

...Alicia despertó agitada, en una mañana fría de un incipiente invierno, las ventanas de su alcoba crujían de hielo, se acerco a mirar de cerca, a traves de los cristales, y se descubrió subiendo a su auto, con un retraso de media hora para llegar al colegio, Alfredo aun estaba recostado en el lecho, respiraba pausado, dando vueltas en la cama. Lluvia, había mucha lluvia, muchos sucesos y pocas explicaciones...



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