miércoles, junio 16, 2010

Reencuentro

Sofía recorrió con prisa, los corredores de su casa, con la misma inquietud de un niño en espera de una sorpresa.

Se había pintado los labios, y llevaba arreglado su cabello, se puso un vestido con estampado en flores, y unos aretes brillantes en color negro.

En al aire se respira el aroma a gardenias y canela, el ruido de sus tacones, quebraban finamente el silencio de una tarde que estaba por caer, se bajó de su auto, cinco a las 7, siendo delicada en cada uno de sus movimientos, como si supiera que estaba siendo observada.


Antes de comenzar a caminar hasta la puerta de áquel concurrido café, volvió a ver su rostro en el espejo, que reflejaba a un mujer estúpidamente emocionada, había que reconocer que sus ojos  iluminados la hacían lucir 500 veces más atractiva.


Pensó en soluciones inmediatas, para que las manos dejaran de evidenciar su nerviosismo, quizás el menear con más audacia el juego de llaves, o el disimular haber extraviado algún objeto en su bolso, soportarían la valentía que dejó olvidada en la sala de su casa.


Caminó en una sola dirección, con la postura erguida y una fina sonrisa, había pasado casi un año desde la última vez que se vieron, que casi  mengüaba por completo los estragos de todas esas confesiones que se gritaron, lo que minutos más tarde los orillaría a romper su compromiso.


Tal vez ya no era amor lo que le producía emociones, pero lo que si bien era cierto es que tenía ganas de verlo nuevamente.


Sofía no reconoció ninguno de los rostros en el lugar, se sentó en una mesa para dos cerca de la ventana que daba a la calle, cruzo las piernas y pidió un cappuccino sin azúcar, con leche entera. En enumeradas ocasiones le dio un vistazo a su reloj, y comenzó a sentirse absorta de paz,  cómo era posible que con el paso de tiempo hubiera vulnerado esa cualidad tan suya, siempre había sido él quien se anticipaba a las citas, y ella la que buscaba las excusas más infortuitas para disculparse.
Ésta era la primer muestra de las cosas que habrían cambiado.


Había pasado un poco más del cuarto despues de las siete, cuando perdida entre las imágenes de la concurrida avenida, una voz sorprendió sus oídos, era la misma que durante por poco más de 10 años había cobijado sus pensamientos, mo no reconocer ese timbre tan singular que transformaba en íntimo el espacio entre las palabras.


Luis se paró enfrente de ella, con una cara que muy probablemnte desconocería, si se hubieran topado por casualidad, le sonrió de manera forzada como si estuviera evitando el soltarse a llorar.


-Hola Sofía, cómo estás-


Ella, se puso de pie, respiro hondamente, lo repaso una y otra vez con la mirada, y se abalanzó estrepitosamente sobre su cuerpo, lo besó en la mejilla, y todas las respuestas, se olvidaron.


Eran dos perfectos extraños tratando de reconocerse.

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