lunes, agosto 24, 2009

Cuando no me enamore.

La gente me pide que deje de escribir, pero el ruido de los árboles no me permite parar, parece que va a llover, pero el frío me hace dudar en que podría, sí, quizás pueda nevar.
Te espero cinco antes de las cinco con veinte, mi hora preferida, diviso la calle vacía sin huellas, sin olor, sin sabores hoy de tí, dicen que mañana podría ser lo mismo, ashhh es que la gente habla de tantas cosas, el sol empieza calentar mi cabeza y yo tan solo quiero...quiero abrazarte, y llevarte de la mano hasta la sala de algún cine, o hasta la puerta de nuestra habitación.
Pongo atención en los colores, descubro entre las sombras a algún señor con un ramillete de globos, las aves sobrevuelan el parque, los automóviles transitan con prisa, y la gente que pasa por aquí pareciera como si tejiera historias en cada paso, en el cielo hay tintes de humo, bajo la vista para descubrirte, y de repente volteando la esquina, tú...
Y te canto, y te digo, te abrazo y me lleno de tus pensamientos, antes de que todo pase, después de que todo pudiera ser, te susurro cerquita de tus cabellos lo hermoso que eres, lo mucho que te amo, y lo que te necesite, te hablo de mis ganas de despertar otra vez por la mañana del día siguiente, con esa escena que practicaré después de beber el último sorbo de café...

viernes, julio 03, 2009

Qué paso con lo dioses.

En lo más profundo del firmamento, sumidos en las distancias siderales y ocultos entre el fulgor de todos los astros, los dioses debaten estrategias y relatos de amor.

Allí abajo, al cobijo de un cielo roto por el humo de las fábricas y el tumulto de los autos, entre los sucios rincones que configuran una herrumbosa ciudad que hiere de ansia y mata de prisa, Emiliano y todos los hombres, viven sometidos a la silenciosa mezquindad del día a día.
También es cierto, que allí abajo conoció a Sophie. Todo hay que decirlo.Ambos se sienten felices cuando estan juntos.
Sophie lo observa con embeleso mientras él anda, se enreda entre sus brazos a la más mínima,
y se ruboriza infantil cuando los ojos claros de Emiliano llegan le miran.
Junto a él es capaz, incluso, de romper a gritos el silencio que exigen quienes siempre piden cosas a cambio.Emiliano, un hombre de exigencias, necesita mucha paz y ternura si quiere aprender a vivir a ras del suelo.
Sophie es pacifista.
Ayer, quebraron a la estrepitosa cotideanidad y se fueron al campo, hicieron el amor en el pasto, en la alberca y al raz de la mesa.
Para caracterizar sus actos, le llaman hacer el amor a lo que hacen.
Sophie se recostó sobre el suelo, cobijada por la hierba observaba con deteniemiento como las copas de los árboles colaban entre el verde las nubes, los rayos de sol le acariciaban su iluminado rostro, Emiliano se postró de rodillas para que ella soportara sus trémulos embates, el viento le rozaba las nalgas, la penetró en repetidas ocasiones hasta adeleitarse con las mieles del orgasmo.
No paso mucho tiempo antes de que ella olvidará la vergüenza de estar sin ropa a la intemperie, en cambio él disfrutó placidamente su desnudez.

Esa vez, abrazados bajo la tibieza de la tarde, habían vuelto a amarse sin memoria.
Dejándose llevar por deseos retomados, Emiliano intentó provocar en ella la sonrisa plácida y relajada que tienen los amantes,
y pensó en lo apacible del momento, todo lo que le rodeaba lo hacía realmente feliz.
Sophie, con mimos en los labios, le musitó que estaría junto de él hasta el final de sus días.
Le dijo que lo amaba, y le beso. Pero no lo consigo.
Él no cambió su gesto adusto, sino todo lo contrario.
Calló como si supiera algo que ella no, como si tras su escandaloso silencio se escondiera toda la verdad de este mundo.

Los dioses envidian el hecho prodigioso de darse amor, en los seres humanos es una acto poco común, los dioses sienten envidia, y tratan de amendetralos.

Sophie y Emiliano no hablaron mucho esa tarde.